agalma psicoterapia

La energía ni se crea ni se destruye, Se transforma

El diente de león nace donde el viento lo guía y la tierra lo recibe. No se resiste al lugar que le ha sido dado, lo habita con reconocimiento y humildad, pudiendo utilizar los propios recursos de crecimiento que lleva dentro de sí. Su resiliencia no proviene de la imposición ni de la huída, sino de su saber ser y estar en el orden invisible de la vida. Florece sin miedo a la transformación de su forma. Cuando llega el momento de deshacerse para volver a construirse, no se entristece por lo que fue. Comprende que cada forma es una expresión distinta de la misma esencia, más completa y expandida.
El ser humano sufre cuando intenta retener su propio crecimiento interno porque implica cambio y se resiste: quiere controlar el curso del viento, fijar la luz, y detener el cambio para continuar sin atravesar lo que no conoce y es nuevo. El espíritu sin embargo, emana con su luz cuando confía en el movimiento.
Al liberar sus semillas, el diente de león no muere, se convierte en posibilidad de comienzo. La transformación personal no es abandono, es crecimiento y expansión del alma.
Así, la fortaleza verdadera no es resistir el dolor, sino atravesar el camino con sabiduría para entregarnos a la vida y a los cambios de crecimiento guíados por nuestra luz interna, que siempre está y que siempre es.

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